Los mejores maestros de vida, los niños

Los mejores maestros de vida, los niños

  • Categoría de la entrada:CRIANZA / SER MAMÁ
  • Publicación de la entrada:18 julio 2020

Mi bichito ha cumplido ya sus 15 primeros meses en el mundo. ¡Madre mía, cómo vuela el tiempo! Y echando la vista atrás, con todo lo vivido hasta ahora, me doy cuenta de lo equivocados que podemos llegar a estar con respecto a lo que esperábamos de esto de ser padres.

Nos preparamos para convertirnos en sus “maestros”, enseñarles cómo funciona el mundo, inculcarle valores… Pero lo que no esperamos es que esa pequeña personita, tan indefensa y dependiente de ti al 100%, va a ser capaz de enseñarte a ti incluso mucho más que tú a él. Va a hacer que cambien tus prioridades, que pongas en duda tus certezas y, sobre todo, va a enseñarte a ver el mundo a través de sus ojos y eso, queridos papás, es todo un regalo.

Precisamente el otro día, mientras paseábamos con el peque, fui realmente consciente de esto que os cuento. Estaba siendo una semana bastante estresante (como casi todas) y una tarde decidimos bajar a la playa un rato para despejarnos y que el peque disfrutara jugando con la arena y el agua, ¡que le flipa muchísimo!

El bichito, feliz con su recién estrenada habilidad de andar, iba de mi mano tirando de mí a un lado y a otro, “desviándose del camino” para tocar un árbol, coger una hojita del césped, correr detrás de una lagartija… Y nosotros, pensando en que se hacía tarde para llegar a la playa, jugar, recoger, volver a casa y preparar baño, cena, etc… no hacíamos más que tirar de él con prisas. En una nueva parada, agobiada, le dije: «venga, ¿es que no quieres llegar a la playa ya?» Su respuesta fue una sonrisa de oreja a oreja mientras me enseñaba una piedrecita que se acababa de encontrar. Y ahí, en ese momento, me di cuenta de que él no sabía que íbamos a la playa. No tenía ni idea del destino y no le importaba, tan solo sabía que estaba de paseo con sus papás y que estaba feliz, disfrutando de todo lo que se iba encontrando a su paso.

Me entró la risa al ver ese gesto tan despreocupado e inocente y, por primera vez en todo el día, me relajé de verdad. Mi niño, con poco más de un año, dándonos toda una lección de vida.

Vivimos tan pendientes del reloj, de las rutinas, de las obligaciones que nos imponemos nosotros mismos, que perdemos de vista lo esencial: el disfrutar del camino, del día a día y de esas pequeñas cosas que son las que realmente importan y dan sentido a todo.

Qué bonito tener la oportunidad de ver el mundo a través de sus ojos. De aprender de su inocencia; de su forma de verlo todo sin prejuicio alguno; de cómo celebran cada pequeño logro; de cómo luchan con todo su empeño para conseguir lo que quieren; de cómo valoran cada instante que pasas jugando con ellos…

Resulta curioso cómo con tan solo un gesto pueden ser capaces de transmitirnos tanto. Y es que, al fin y al cabo, son ellos los que nos enseñan a nosotros, día a día, a ser padres.   



Deja una respuesta